miércoles, 3 de agosto de 2011

Ensuciarlo todo


Cuando en 2008 comienza el desencanto Gobierno – Medios quedamos en medio de la batalla como hijos de padres divorciados. Todos quisieron convencernos de algo. Algunos con ideas, otros con el poder persuasivo de un arsenal de medios (técnicos y comunicacionales) trabajando al servicio de intereses propios que nos venden como nuestros.
Así el primer semestre del 2008 se multiplicaron las tapas de diarios en defensa de los intereses de los productores agrícolas. Un año después la elección legislativa llevaría a un De Narváez relajado y cool, pero preocupado por la inseguridad, a ocupar nuevamente una banca en el Congreso. Bueno quizás no a ocuparla porque no se lo ve seguido por ahí.
La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue llamada “Ley de control de medios K” o “Ley mordaza” (¿sabrán qué es una mordaza?), y la investigación por Papel Prensa se disfrazó de ataque del gobierno a la libertad de expresión (Leí un libro, muy recomendable, una nota al pie que decía mas o menos algo como que los periodistas –yo lo extiendo a las empresas periodísticas que los emplean- confunden lo particular con lo general, por lo que cada vez que uno ataca a un individuo particular, ellos se escudan en el ataque a la libertad de prensa).
A esta altura la mitad del tilinguerío ya estaba convencido de lo que “ellos” querían convencerlos. Pequeñas operaciones fueron movilizando a cada vez más gente. Ya los candidatos del establishment podían contar con los votos de quienes se identifican con sus ideas y de quienes se convencieron en el transcurso de estos años.
Pero faltaba un grupo. Un grupo de gente que voyaba entre sus siempre ideas solidarias y cierto resquemor a peronizarse con el voto kirchnerista.
Entonces comenzó la campaña (porque una revelación periodística guardada que explota en un año electoral, siempre es parte de una campaña) para ensuciar las cosas más respetables que tuvo este gobierno. Y teniendo convencidos a los (no voy a decir gorilas) temerosos del peronismo, fueron por los progresistas de cotillón salpicando a las Madres con un corrupto que ellas emplearon, ubicando como víctima de persecución al imperio mediático y como victimarias a las Abuelas, y ahora envolviendo al ministro de la Corte Zaffaroni en un escándalo más moral que penal.
Pero vamos por partes.

Si tocan a las Madres nos tocan a todos

“Más malo que pegarle a la madre” indica un dicho popular utilizado para calificar algo que sale de la escala de lo malo. Y eso intentaron. ¿Cómo? Instalando el tema. ¿Cómo? Matemática pura:
La denuncia se conoció a fines de mayo. Si tomamos las 30 ediciones de Clarín de junio de 2011, 24 días el tema estuvo en la tapa. En 16 ocasiones fue el título principal, 5 fue el primer titular de la columna de la derecha, 3 fue un cuadro destacado en color y en 2 se ubicó al medio en la columna derecha.
Pegando a Hebe con Schocklender, una vez instalado el hecho de corrupción de éste, Bonaffini se convirtió en cómplice.
¿Es necesario aclarar que 10 días después de esta seguidilla de tapas se eligió Jefe de Gobierno en Capital?

La realidad se puede tapar o hacer tapa

Un slogan que no indica por cuál de las dos opciones se inclinan los grandes medios. Es por eso que evalúan qué cosas ellos quieren que se sepan. Durante los años en que volvió a tomar impulso la causa Herrera de Noble, cada una de las decisiones de la jueza sobre la extracción, se tapó. Lo que sí se hizo tapa fue el primer negativo del cotejo de ADN, no así la explicación de que aún faltaban comparaciones y de que el Banco de Datos Genéticos está incompleto.

La buena moral y a la señora se le caen las medias

El último tiro (al menos por ahora) antes de las primarias del 14 fue directo a uno de los referentes más prestigiosos del Derecho Penal. Mientras las señoras se persignan ante la palabra prostíbulos y los señores rezan que no haya videos de los clientes, los medios generan esa sensación de que el juez Eugenio Zaffaroni está en falta.
Ya explicaron algunos que se animaron que no hay delito, sino una cuestión ética y “de decoro”. Y sale Alfonsín a pedir la renuncia, claro si él es el referente de la gente bien que busca paz.
Pero la sensación está, y les conviene ensuciar a quien desnuda sus mecanismos de criminalidad mediática y les conviene más demostrar poderío ante quienes en última instancia decidirán si se aplica o no la cláusula de desinversión de la Ley de Servicios de Comunicación.
Y algunos candidatos, no Carrió (esta vez) ni Binner, aprovechan para salpicar mierda para todos lados. El Cronista, diario comercial por excelencia, hoy dedicó dos notas al caso. Y claro, si el dueño del diario es el socio y candidato a gobernador bonaerense de Ricardito “tiro la primera piedra” Alfonsín. Si “piden la renuncia” un grupito de personas que no se preocuparon por el decoro de quien movía la cola hace dos años en Showmatch, ni exigen (sino que festejan el triunfo) del procesado jefe de gobierno porteño.
Por último, La Alameda está en el tema, una ONG que trabaja para que no se cometa un delito que está prohibido desde 1813. Ahora es referencia, pero cuando denunció los talleres de la marca Awada (si, Juliana) pasó desaparcebida. Y cuando se refirió a las condiciones de los trabajadores rurales, todo terminó en la nada. Claro tapar, o hacer tapa.

Pero a mí no me convencen. Todo lo que viene armado con olor a opereta me genera una gran desconfianza. Puede ser agotador desactivar los mecanismos mediáticos, pero resulta necesario. Cuando alguien que amo me preguntó preocupado: “¿cómo saber cuándo lo que dicen los diarios es mentira?”, sólo le pude responder “hay que tratar de conocer a quienes te hablan”.

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